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martes, 17 de marzo de 2009

Radiohead tiene nuevos clientes


El fan promedio, el despistado, el que acampó afuera del Foro Sol, el que fue porque había que estar y hasta el que renegó de la atención excesiva que recibe el grupo, todos llegaron al segundo y último recital que los ingleses dieron en la capital mexicana, durante el cual tocaron casi el mismo set que han presentado durante su actual gira.
"15 Step", "There There", "All I Need". La lluvia que amenaza parece dar una tregua. "Nude", "The Gloaming", "Talk Show Host", "You And Whose Army?" Las luces led -supuestamente ahorradoras de energía- comienzan a formar distintas figuras. Se siente un calor humano que es poco usual en este sitio. Y claro, también los detalles y el folklor que nos definen como país, como la chica que se roba una playera pirata de los puestos, el vendedor que trae el disco In Rainbows "original" a 50 pesos o el listillo que recargado en la barra les dice a sus brothers: We, tengo una pulsera para el backstage, asumiendo que eso lo hace una persona que está siendo realmente solicitada en backstage.
"Jigsaw Falling Into Place", "Idioteque", "Climbing Up The Walls", "Exit Music (For a Film)", "Bodysnatchers". Incluso Thom Yorke y los suyos se ven contentos, más expresivos que de costumbre. Y el audio, que suele ser el punto débil de los eventos de Ocesa, casi impecable.
Primer encore. "How To Disappear Completely", "Paranoid Android", "Dollars And Cents", "The Bends" y una versión con más caña de "Everything In Its Right Place". Todos felices: el rockero promedio, la niña guapita que viene a oír el par de hits que conoce, el músico local que siempre viene a estos shows a tomar nota, el periodista, el raver, el fan de la electrónica de vanguardia y claro, el espontáneo que nunca falta (¿Cuanto cuesta la hora extraaa? ¡Ahorita nos hacemos la cooperacha!)
Otro encore: "Like Spinning Plates", "Reckoner". Y para sorpresa de muchos: "Karma Police" y "Creep", que seguramente fueron tomadas en cuenta para esta ocasión, después de que el grupo supo lo importantes que son temas como esos para su fanaticada en México.
Así que todos contentos, incluido el quinteto que terminó reverenciando y aplaudiendo al público. Suponemos que el balance es positivo cuando los comentarios que prevalecen son "faltó tal o cual canción", en lugar de quejas acerca del audio, la hora o cualquier otro factor. De los precios elevados, los accesos ininteligibles y la logística imperfecta ni hablar. Parece que ya estamos acostumbradísimos. Asi fue y así será en pocos años cuando Radiohead regrese y sus fans vuelvan a enloquecer. Porque eso sí, ya somos clientes.
¿A ti qué te pareció? ¡Opina!

viernes, 26 de diciembre de 2008

Beirut @ DF/MX

Beirut es el alias de Zach Condon (Alburquerque, Nuevo México), quien se hace acompañar de una troupe de nueve músicos para fusionar elementos del folk y la música de Europa del Este, gracias a la incorporación de cello, acordeón, guitarra, mandolina, ukelele, batería, violín, órgano, teclados, tambor, saxo barítono y trompeta. El grupo ha editado varios EPs y dos discos completos (Gulag Orkestar y The Flying Club Cup). En esta presentación para el programa Later with Jools Holland (17 de diciembre de 2007) intepretan "Nantes", uno de sus tracks más conocidos.



Beirut se presenta el viernes 20 de febrero en el Lunario del Auditorio Nacional (México, DF).

* Se abrió una nueva fecha, para el jueves 19, en el mismo sitio. Los boletos estarán a la venta desde el jueves 15 de enero.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La gira dulce, pero dificil de Madonna


En 2005, Madonna lanzó un disco que volvería a colocarla no sólo en todas las áreas del mainstream, sino también en el gusto de melómanos, DJs y amantes de la música en general, quienes vieron en esa placa (Confessions On A Dance Floor) un factor renovador en la carrera de la cantante. El buen tino de hacer un disco producido por el respetado Stuart Price (alias Les Rhythmes Digitales) se complementó con una serie de remixes y mashups que la cantante no tardó en incorporar a la gira correspondiente y que a su vez dieron forma al DVD The Confessions Tour; un documento que ponía de manifiesto que la diva del pop estaba imparable y más en forma que nunca.

Pero la lógica nos dice que inmediatamente después del punto más alto, inicia el declive. Lo que siguió a la gira mencionada (que por cierto, no pisó México) fue la preparación de un nuevo álbum. Un disco para el que Madonna tuvo sólo una mala idea: Voltear a ver lo que hacían sus colegas (Timbaland, Justin Timberlake, etc), para hacer exactamente lo mismo. Así que esta vez, en lugar de dar un paso hacia adelante (para quizá darse el lujo de ser seguida por los demás), Madonna decidió seguir a los demás (y por ende, lo que dio fue un paso hacia atrás). El resultado fue un álbum titulado Hard Candy, que recibió duras críticas por su poca visión y originalidad. Como consecuencia de ello, no debe sorprendernos que la gira de promoción de dicho álbum, sea un reflejo del mismo.



La actuación de Madonna del domingo 30 de Noviembre, en el Foro Sol de la capital mexicana, apenas convenció a sus fans más fervientes, mientras que otra parte de los asistentes salió visiblemente desilusionada.
El espectáculo inició a las 21:15, con algunas de sus nuevas canciones, entre ellas "Candy shop", "Heartbeat" y "She's not Me", que se convirtió en una especie de performance en el que la cantante aparenta renegar de todos sus personajes anteriores (una novia, una rubia con lencería, otra vestida de Marilyn Monroe...)

Pero hay cosas que no convencen, como los fragmentos de playback, que se van alternando con la voz de la cantante, misma que por momentos grita, desentona o se vuelve ronca. Será la altura, dirán los interesados en disculparla. Aún así, la segunda de dos fechas que la norteamericana dio en nuestro país, como parte de su gira Sticky & Sweet, podía calificarse como positiva, debido a que las coreografías y las videoproyecciones -eso sí, impecables- le aumentaban puntos. Pero el espectáculo incluyó una parte difícil de digerir: Un set de "música del mundo" con guiños a lo español y lo balcánico ("Spanish Lesson", "La isla Bonita"), con todos los clichés imaginables, incluido el de la guitarra flamenca, algo totalmente innecesario, tratándose de una artista que es admirada por su habilidad con el pop. Es decir: si vas a ver a Madonna, quieres pop, no world music.

El ambiente mejoró con "Miles away"; la balada "Devil Wouldn't Recognize You", "Like a Prayer", "Music" y "Ray of Light", aunque varios de ellos con un matiz muy rockero. Incluso durante algunos temas, la mujer se colgó una guitarra eléctrica para demostrar que también puede rockear, aunque nuevamente se trate de algo innecesario. Otra vez: Si vas a ver a Madonna, es porque quieres pop, no heavy rock.


¿Y los temas del mencionado gran disco anterior? Brillaron por su ausencia. Apenas ofreció una versión medianamente aceptable de "Hung Up" -otra vez, con guitarrazos- antes de pedirle a algunos de los asistentes que hicieran sus peticiones ("Como te llamas, Toño? Cuál Quieres? Cherish??... Fuck you!"¨) Al final, dos números que mejoraron el panorama: "4 Minutes" y "Give it 2 Me", siento esta última quizá la mejor interpretación de la noche.

Nos hubiera gustado verla en su mejor momento, como en 1993. Pero seamos honestos: Si Elvis no fue inmune a la decadencia y Michael Jackson tampoco, ¿por qué habría de serlo Madonna? Todos fuimos testigos de las partes de playback, de los "experimentos" innecesarios, de los momentos en que la mujer se quedaba sin aire y de sus gritos disonantes. Ya ni hablar de la obviedad de, a estas alturas, besar a una de sus bailarinas. Dirán los empeñados en justificarla que no cualquiera hace lo que ella, que ya quisieran muchos a sus 50 años, pero no son esos los parámetros con que debe medírsele, si no los de la súper estrella que cobra más que nadie y que sigue vendiéndose como la más grande e infalible de su época. Por ello es que esperábamos más de Madonna.

domingo, 25 de mayo de 2008

Vive Latino 2008

OPINIÓN
No es privativo de México, ni de Latinoamérica. Los festivales musicales tienen su ciclo de vida y su periodo de aprobación casi generalizada. Pero inmediatamente después, empiezan a decaer. Si le pasó a Rock In Rio, a Lollapalooza y más recientemente a Coachella, no veo por qué no podría sucederle al Vive Latino.
La novena edición del autonombrado "festival iberoamericano de cultura musical" (que en el nombre lleva la penitencia, pues es demasiada etiqueta para poder respaldarla con dignidad), ofreció el que seguramente ha sido el cartel más desangelado de su historia y lo que es peor: en medio de contradicciones como la de que supuestamente "respetan las diferencias", aunque le den prioridad al rock, y lo que es peor, al rock de siempre, al de toda la vida (Tex Tex, El Gran Silencio, Babasonicos, Bersuit, Los Auténticos Decadentes, Haragán y Cia, Ángeles del Infierno, Víctimas del Dr. Cerebro, Maldita Vecindad). Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si permaneciéramos estancados en 1992.
¿Nuevas propuestas? Nuevas sí, pero no propositivas: Los Dynamite, DLD, Electric Co., Ventilader, Insite, The Volture, Los Daniels, Le Baron, Kill Aniston, Tolidos y Thermo, entre toda una camada que aprendió del rock en MTV. Amén de Six Million Dollar Weirdo (quienes están cada vez más cercanos a Moderatto y menos a Joy Division, banda que en sus inicios mencionaban como influencia).
Apenas hubo espacio para algunos nombres que sustentaran con su prestigio el objetivo del festival: Reel Big Fish, The Wailers, Los Straitjackets, Los Tres y Los Lobos, la mayoría de ellos ya clientes habituales de los recitales en DF, desde hace tiempo.
¿Verdaderas nuevas propuestas? Pocas y muy acotadas (la mayoría de ellas presentándose en el escenario más pequeño y escondido): Yokozuna, Descartes a Kant, Los Fancy Free, Javiera Mena y La Habitación Roja.
Igualmente lamentable es el espejismo de que los grupos, con el hecho de envejecer y aferrarse a este negocio, se convierten en leyendas, como es el caso de Botellita de Jeréz y Santa Sabina, quienes hace más de 15 años que no publican un trabajo medianamente propositivo, pero ya son considerados casi deidades de nuestra música, sólo por el hecho de permanecer ahí.
Mención aparte merecen por su entereza: Flavio Mandinga (promocionando más a su hijo de diez años, que a su propia música); Panda, quienes a pesar de ser abucheados, no sólo resistieron hasta completar su presentación, sino que tuvieron la ocurrencia de autodenominarse "leyenda viviente".
La anécdota de la que casi nadie se enteró, fue que por algunos minutos revivió el cadaver conocido como Illya Kuryaki & The Valderramas, durante la presentación del argentino Dante Spinetta, quien invitó a su ex compañero de banda, Emmanuel Horvilleur, a cantar el tema "Abarajame".
Fuera de ahí, sin novedad en el frente. Aún le queda al Vive Latino su edición número 10 para ponerse a la altura. Qué bueno que tengamos en México un festival de esta magnitud y con tantos patrocinadores. Y qué mejor que sea de música en nuestro idioma. Ahora sólo hay que trabajar para volver a ofrecer un buen cartel. Quizá sea tiempo de pensar en nuevos asesores (o cuando menos en asesores que asesoren a los actuales asesores).
Los artistas, ahí están. ¿Nombres? Anita Tijoux, Tego Calderón, Adicta, Vainilla, Triangulo de Amor Bizarro, Javiera Valenzuela, La Mala Rodríguez, Latinsizer, The John Band, Robota, Nos Llamamos, Solo los Solo, Superaquello y Mostro. Con esos les alcanza para empezar.