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domingo, 8 de febrero de 2009

Muere Jorge Reyes a los 57

El músico falleció de un paro cardiaco este 7 de febrero a las 3 A.M., en su estudio de la ciudad de México. Le sobreviven sus hijos Citlalli, Ridwan y Eréndira, y su pareja Ariane Pellicer (la famosa Nina, de Cachún Cachún Ra Ra). Con su muerte, el flautista y guitarrista deja inconclusos varios proyectos, además de una reunión con el grupo Chac Mool, misma que ocurriría el próximo 14 de marzo en el Tianguis Cultural del Chopo, lugar donde el mismo día se realizará un homenaje al artista.
Reyes incorporó instrumentos prehispánicos al rock progresivo y la música electrónica, fue conocido en casi todo el mundo por su propuesta experimental y de vanguardia y creó su propio género musical, al cual definió como tloque nahuaque, que consistía en una fusión de música corporal con canto armónico.



Más sobre Jorge Reyes
Nació en Uruapan, Michoacán. Estudió flauta transversal en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, música clásica, electrónica y jazz en Alemania (donde era muy respetado) y música tradicional hindú y tibetana, en la India. Formó los grupos Al Universo y Nuevo México, con los que realizó sus primeras fusiones de rock con instrumentos prehispánicos.
En 1980 fundó el grupo Chac Mool (al lado de Armando Suárez, Carlos Alvarado, Mauricio Bieleto y Carlos Castro), cuya instrumentación fue pionera al incorporar violoncello, mandolina, timbales, sintetizadores, flauta y diversos instrumentos prehispánicos al rock mexicano.
En 1985, Chac Mool se disolvió y Jorge inició su carrera en solitario con el disco A la Izquierda del Colibrí, que sería el primero de sus 26 discos.

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domingo, 25 de mayo de 2008

Vive Latino 2008

OPINIÓN
No es privativo de México, ni de Latinoamérica. Los festivales musicales tienen su ciclo de vida y su periodo de aprobación casi generalizada. Pero inmediatamente después, empiezan a decaer. Si le pasó a Rock In Rio, a Lollapalooza y más recientemente a Coachella, no veo por qué no podría sucederle al Vive Latino.
La novena edición del autonombrado "festival iberoamericano de cultura musical" (que en el nombre lleva la penitencia, pues es demasiada etiqueta para poder respaldarla con dignidad), ofreció el que seguramente ha sido el cartel más desangelado de su historia y lo que es peor: en medio de contradicciones como la de que supuestamente "respetan las diferencias", aunque le den prioridad al rock, y lo que es peor, al rock de siempre, al de toda la vida (Tex Tex, El Gran Silencio, Babasonicos, Bersuit, Los Auténticos Decadentes, Haragán y Cia, Ángeles del Infierno, Víctimas del Dr. Cerebro, Maldita Vecindad). Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si permaneciéramos estancados en 1992.
¿Nuevas propuestas? Nuevas sí, pero no propositivas: Los Dynamite, DLD, Electric Co., Ventilader, Insite, The Volture, Los Daniels, Le Baron, Kill Aniston, Tolidos y Thermo, entre toda una camada que aprendió del rock en MTV. Amén de Six Million Dollar Weirdo (quienes están cada vez más cercanos a Moderatto y menos a Joy Division, banda que en sus inicios mencionaban como influencia).
Apenas hubo espacio para algunos nombres que sustentaran con su prestigio el objetivo del festival: Reel Big Fish, The Wailers, Los Straitjackets, Los Tres y Los Lobos, la mayoría de ellos ya clientes habituales de los recitales en DF, desde hace tiempo.
¿Verdaderas nuevas propuestas? Pocas y muy acotadas (la mayoría de ellas presentándose en el escenario más pequeño y escondido): Yokozuna, Descartes a Kant, Los Fancy Free, Javiera Mena y La Habitación Roja.
Igualmente lamentable es el espejismo de que los grupos, con el hecho de envejecer y aferrarse a este negocio, se convierten en leyendas, como es el caso de Botellita de Jeréz y Santa Sabina, quienes hace más de 15 años que no publican un trabajo medianamente propositivo, pero ya son considerados casi deidades de nuestra música, sólo por el hecho de permanecer ahí.
Mención aparte merecen por su entereza: Flavio Mandinga (promocionando más a su hijo de diez años, que a su propia música); Panda, quienes a pesar de ser abucheados, no sólo resistieron hasta completar su presentación, sino que tuvieron la ocurrencia de autodenominarse "leyenda viviente".
La anécdota de la que casi nadie se enteró, fue que por algunos minutos revivió el cadaver conocido como Illya Kuryaki & The Valderramas, durante la presentación del argentino Dante Spinetta, quien invitó a su ex compañero de banda, Emmanuel Horvilleur, a cantar el tema "Abarajame".
Fuera de ahí, sin novedad en el frente. Aún le queda al Vive Latino su edición número 10 para ponerse a la altura. Qué bueno que tengamos en México un festival de esta magnitud y con tantos patrocinadores. Y qué mejor que sea de música en nuestro idioma. Ahora sólo hay que trabajar para volver a ofrecer un buen cartel. Quizá sea tiempo de pensar en nuevos asesores (o cuando menos en asesores que asesoren a los actuales asesores).
Los artistas, ahí están. ¿Nombres? Anita Tijoux, Tego Calderón, Adicta, Vainilla, Triangulo de Amor Bizarro, Javiera Valenzuela, La Mala Rodríguez, Latinsizer, The John Band, Robota, Nos Llamamos, Solo los Solo, Superaquello y Mostro. Con esos les alcanza para empezar.